BACALAO se escribe con V de Valencia


“Para algunos (…) la idea de cultura rave es una contradicción en sus términos. La cultura se puede definir como algo que te dice de dónde vienes y a dónde vas, algo que alimenta el espíritu, transmite sabiduría de la vida y, en general, hace que la vida sea habitable. La rave suscita una pregunta: ¿una cultura puede basarse en sensaciones en lugar de verdades, en una fascinación en lugar de un sentido?” Simon Reynolds, Energy Flash.

Somos de Badajoz y de Gijón, tenemos un colectivo que en sus inicios se establece en Barcelona, aunque ahora también se deslocaliza entre dos ciudades separadas por diez mil kilómetros. Durante años hemos vivido en Valencia y Alicante, y hemos aprendido y caído embriagadas por una historia contada por desmemoriados y nostálgicos, capaces de mantener el peso de una sabiduría de la que existe poco más que la historia oral. Nuestra común fascinación e impulso por investigar sobre la Ruta del Bakalao fue lo que en 2013 dio lugar al nacimiento Vista Oral. No vamos a fingir, nuestro acercamiento al club es tardío y surge a bandazos desde el postpunk y el grunge que marcó nuestra adolescencia y juventud. El club y el acto embriagador y revolucionario de la fiesta, ese algo que va mucho más allá de una combinación de música y drogas, lo entendimos mucho más tarde que los pioneros valencianos.

Esta investigación es una reivindicación y un homenaje a la pista de baile y al acto hedonista, en muchos casos toxicómano, que suscitan la música y el desenfreno; que puede ser más determinante que actos puramente reflexivos. Defendemos el estado de éxtasis como un acto radical de negación de determinadas condiciones de existencia. Nuestro recorrido se nutre de las experiencias que nos hemos encontrado, narradas normalmente en primera persona; de las memorias de unos cuantos que decidieron colgarlas en Internet y que construyen, aunque sea con falacias, una memoria colectiva; de los escasos libros publicados al respecto – por supuesto, hemos devorado desde el momento de su salida, el libro de Jordi Costa, Bacalao, que parte de una idea muy similar a la nuestra; y que por fin da visibilidad a esos inicios tan underground del fenómeno- , así como En extasi de Joan Oleaque; pionero.

De manera intuitiva existen muchas conexiones con movimientos internacionales que se unen al de una música que se transforma en un componente colectivo donde el autor se diluye en la figura del productor o el ingeniero; el tema o track se sitúa por encima del álbum. La música pasa de ser una narración a una construcción colectiva que se completa en una pista de baile y que se escucha a través de un sound-system.

El caso de Berlín, siempre resulta especialmente atrayente, pensar en esos restos de la Guerra Fría como pista de baile, tiene algo de transgresor. Como si aquello que el día no consigue unir aún sin muro, se haga real a los ritmos electrónicos de la noche. Sin embargo, no deja de ser el perderse entre las ruinas de un estado, de una construcción de vida que cae, que no es algo muy diferente de lo que en aquellos inicios de Barraca comenzaban a experimentar unos jóvenes que aún tenían muy cerca el tufillo del franquismo. Y la aclamada tienda de discos Hard Wax, no sería un caso muy distinto al de la tienda Zic Zac de Valencia. Sin embargo, creemos que a Berlín y a su techno sí que la historia les ha hecho un hueco. Claro está, que a ningún alcalde en Valencia se le ocurrió dar ayudas de bienvenida para evitar un envejecimiento de la población. La historia oral de lo que pasó en Berlín también ha sido recopilada en el libro Der Klang der Familie, editado recientemente en castellano por Alpha Decay.

Para saciar curiosidades y entender el contexto en menos de dos horas, están documentales como We call it, techno!

Si vamos hacia el otro extremo, que acaba resultando el más denostado, llegamos a Holanda donde nos encontramos a los Gabbers. Gabba describe un sonido y también un tipo de subcultura, que se ha identificado con frecuencia por muchos con lo garrulo. Básicamente eran chavales de barrio, rapados, vestidos en chándal, que quedaban en la estación de autobuses para ir de fiesta. El sonido era un hardcore imposible, basado en tempos rapidísmos y distorsionados, llenos de capas. Todo ello unido a unas coreografías a base de puntapiés, hombros rígidos y saltos como de kick boxing. La pista de baile se convierte en un lugar con códigos propios, gente bailando en el centro , caminando en círculos rápidos alrededor de este centro o hablando en el exterior de ambos círculos, sentados, y en su mayoría puestos con altas dosis de éxtasis y speed.

Por otro lado, Bélgica acuña el término new beat, y de alguna manera esa tendencia oscura y su mezcla con canciones pop bastante desconocidas. También resulta interesante que la ciudad en la que se marca el inicio del movimiento no sea Bruselas, sino Gante y Amberes. Resulta cuanto menos curiosa la conexión especialmente intensa entre Valencia y grupos belgas como Front 242 o Lords Of Acid. Y también, aunque esto no es ninguna sorpresa, el hecho común con la Ruta de que el negocio de las macrodiscotescas y la demonización del movimiento acaben por impulsar su declive.


El documental The Sounds of Belgium ha intentado ordenar un poco el exceso belga.

De todas los movimientos europeos el que más ha sido representado es el Acid House. Artistas como Jeremy Deller lo han incluido en la programación de los principales centros de arte y museos tanto a nivel de Reino Unido como internacional. Energy Flash es un ensayo referente para cualquiera que se interese por el mundo la música ravera y la cultura de baile. Así mismo hay numerosos documentales sobre el fenómeno; quizás They Call it Acid es un buen referente entre todos ellos. Lo que parece ser uno de los múltiples resultados de la diáspora del sonido Detroit, generó una subcultura en la que, a ritmo de house y de éxtasis, se rompen diversas barreras de clase, raza, preferencias sexuales y género. Un fenómeno transversal que se recorre capas que van desde la moda a la legislación del país, como sucede en España con la famosa la Ley Corcuera.

Aunque musicalmente son claros los vínculos con el techno de Detroit y el House de Chicago con este sonido Europeo, la escena que se generó en torno a este movimiento en Europa durante los 80s es claramente distinta. Si nos centramos en el Detroit del que se ensalzó como protagonistas a los tres de Belleville, dista bastante de la ciudad postapocalíptica de la actualidad, y aunque durante esta época parece clara la segragación racial, si que los protagonistas que más han destacado en esta escena, proceden de algo así como una barriada burguesa. También cabe destacar que esta experimentación musical parece más cercana al contexto de búsqueda de una música avanzada que al acto comunal y hedonista de la rave.
Nos interesan en este contexto norteamericano,  investigaciones como las de Guadalupe Rosales que nos muestran un movimiento ravero en los 90s que sirve en el sur de Califonia, como una reivindicación desde la periferia a un empoderamiento grupal de la juventud latina y chicana. Una autorepresentación de la historia de unas periferias excluidas de los relatos oficiales.

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Nota al pie

Animamos desde ya, a todos aquellos que gozásteis de La Ruta a que nos hagáis partícipes de vuestros recuerdos, a través de lo que queráis o podáis compartir: fotografías, anécdotas, flyers, merchandising (o imágenes de los mismos).
Por ahora, las escasas imágenes que vamos rastreando las recopilamos en esta cuenta de Instagram.

Así mismo, iniciamos una construcción no lineal a partir de un esquema cronológico. Una contradicción, atípica en nuestra forma de trabajar, pero que nos insta a intentar aprehender las cosas por algún lado. Las aristas, disparates e incoherencias aparecen de manera constante a medida que intentamos ordenar el desenfreno.

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