REALIZAR UN PAPEL . 21 de abril, 2017- 21 de abril 2042.


Hemos basado un proyecto con Enric en Los Papeles del Siglo, justo cuando ya no existen como materia (salvo alguno escondido aún, como el de la Biblioteca Antoni Tàpies). Planeamos hacer una exposición en Los Angeles, así, con ideas y ganas. Tenemos varios encuentros para perpetrar esto.
La primera vez, en el Bar de los Pericos -como lo llama Enric-, ahí comenzamos la trama, entre un cocido y unos vinos tintos. Tenemos dos ideas, hacer una exposición para perros, pero de verdad para perros, sólo detectada por ellos; o bien, la reconstrucción de los hechos, esto es, por ejemplo uno fácil, el papel de receta de la tortilla se exhibe a partir de la tortilla en sí, devolviéndonos a una historia casi circular totalmente simulada y falseada.
Será en la segunda reunión cuando comencemos a ver por primera vez clara la materialización de los papeles, cuando encontremos el papel. Un sobre marcado con otro papel que una vez contuvo y que la luz ha perpetrado, o un sobre que está moreno, pero que al abrirlo no contiene nada. En el tercer encuentro, y saltándonos por completo los preceptos con los que surge 56x45x25, Enric comenzará a buscar en el móvil billetes a Los Angeles. Un viaje para inaugurar nada, pero que sin embargo, supone también el traslado a través del propio Enric, de la fuerza, el estímulo y la energía del lugar donde comenzó el proyecto; una mediación directa, salvo por la traducción, que es la del artista con sus interlocutores en encuentros informales y experienciales.


Exhibir nada no es ninguna novedad en arte contemporáneo. Keith Arnatt se preguntaba en 1970, Is Possible For Me To Do Nothing As My Contribution To The Exhibition?, una pregunta que acabará siendo una obra, que  paradojicamente, en la actualidad forma parte de la Arts Council Collection. Con anterioridad, ya Lucy R. Lippard en 1969 realizada una exposición donde el vacío y las obras llegaban a confundirse. O bien Robert Barry, en este marco conceptual, con The Marcuse Piece: Some places to which we can come, and for a while “be free to think about what we are going to do” en 1970. Sin embargo, no se trata tanto aquí de superar los límites impuestos por el contexto y definiciones artísticas; o de una vindicación política que trata de negar la mercantilización del objeto, que también; pero mientras en los minimalistas ese mercado se apropiaba de la obra y en parte hacía vislumbrar el fracaso de un proyecto, no pasa lo mismo en este caso.

En el 2009 el Centre Pompidou, nos mostraba la exposición Vides (Vacios), un recorrido por salas completamente vacías, donde se  intentaba recopilar proyectos que nos han mostrado nada. En la muestra encontrábamos desde Zone de Sensibilité Picturale Immatérielle de Yves Klein de 1958, un vacío que en este caso era demostrado a través de su venta. The Air Conditioning Show de Art and Language, donde el dispositivo de obra procede del aire y el cambio de temperatura. El vaciado de institución por parte de Stanley Braun; Robert Irwin y su exposición realizada en la ACE Gallery en 1969; Maria Nordman durante su exposición en Krefeld en 1984; o Bethan Huws y su obra Haus Esters Piece; todos ellos nos muestran vacíos que nos pretenden hacer conscientes de las cualidades donde normalmente habita la exposición. Laurie Parsons en 1990 en la galería Lorence Monk o Maria Eichhorn en el 2001 en la  Kunsthalle Bern, utilizan el vacío como un acto de reivindicación de las condiciones de exigencia de producción constante a las que se encuentra sometido el trabajo de un artista. Y cerraba Roman Ondak en More Silent than Ever (2006), en un intento de hacernos conscientes de que siempre hay algo más de lo que se permite ver.

En 2012, también la Hayward Gallery presentaba Invisible. Art about the Unseen 1957-2012, sin embargo, la exposición no es un recorrido por un montón de salas desangeladas, como en el caso de Vides, en donde la cartela nos muestra dónde estamos y a qué nos debemos remitir, con una diferencia que nos separa rotundamente de nuestro proyecto. Vides, nos categorizaba como una tipología de espectador: a) aquel que sin reconocer lo que la cartela apunta se situaba en una experiencia decepcionante capaz de hundirlo en la consciencia de una ignorancia que parece una losa difícil de mover; b) aquel que se reafirma en su conocimiento y se exalta en un regocijo ególatra.
Todos los espectadores de Realizar un papel, desconocen a Enric Farrés Duran y su proyecto Los papeles del siglo, no tienen tampoco una percepción situada de lo que les mostramos, y peor aún, nosotros tampoco de ellos. Pero nosotros también tenemos una cartela. Una descripción técnica que intenta orientar los estímulos que se encuentran en una sala que poco tiene que ver con un cubo blanco, y que nos desvela el bluff.

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Realizar un papel es un dispositivo inmaterial que produce una experiencia divertida. Como antesala nos muestra un pasaje oscuro, un preámbulo para incrementar las expectativas antes de llegar a un lugar vacío. El artista, funciona como un  depósito a modo de gestor de frustraciones de los visitantes que deambulan por la sala deteniéndose en las numerosas grietas de la pared, interruptores, imperfecciones… hasta que el más rápido descubre la cartela. Al acabar, Enric con unas cervezas y publicación en mano, intentará que ese mosqueo no acabe del todo mal y como un mago del engaño, volverá de nuevo a hacerse con la simpatía de los visitantes que han tenido que conducir más de hora y media para llegar a 56x45x25.

La publicación, el dispositivo material, funciona de forma independente a la exposición. Complementa la obra pero no le es imprescindible. Ambas, la publicación y la exposición, no desvelan de todo el misterio y se completan tras la activación de Enric. La publicación viaja, traslada una historia en la que tampoco existen herramientas con las que cotejar nada, desplaza el preámbulo de un historia que continua inconclusa, y no tan sólo porque la exposición dure veinticinco años (21 de abril del 2017-21 de abril del 2042).

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Veinticinco son también los años del depósito de Los Angeles Contemporary Archive (LACA). Para entender esto nos tenemos que trasladar a Establecer un principio de procedencia, proyecto que Enric creó en el contexto de Generaciones 2016, en la Casa Encendida, y en donde el espacio expositivo se convierte en teatro, en escenografía en la que Enric reproduce minuciosamente las condiciones de un archivo, tomando como modelo el Archivo del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA). El uso de material de conservación para su almacenaje, la delimitación de un espacio con temperatura y humedad controlados, la manipulación de los documentos con guantes, los criterios de catalogación, el cuadro de clasificación, la digitalización… todos los protocolos son replicados en un intento de convertir una colección en un archivo, proporcionándole un principio de procedencia —conditio sine qua non para la definición de un archivo, que alude a la integridad de la organización original generada por su productor—. Cuando en una vuelta de tuerca más, en Cualquier objeto excepto un Papel, en ese mismo año, Enric se deshace de los papeles, seguirá quedando un resto que son todos los continentes que albergaban el archivo de Farrés que serán enviadas a Los Angeles y que tras pasar por numerosas sospechas aduaneras, se convertirá en un depósito en LACA, como un gesto de aquello que fue, que es lo que lo convierte en lo que ahora es y a la vez lo inhabilita como tal. Un espacio vacio que cubre un gran espacio de un archivo de Los Angeles y que si os pasáis por allí durante los próximos veinticinco años, aún podréis visitar.

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